
La paz es uno de los dones más preciosos que Cristo dejó a sus discípulos: “la paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14,27, Biblia de Jerusalén).
En tiempos de conflictos y tensiones, la voz del Papa León XIV y su postura frente a la guerra resuenan como una guía para los católicos. De esta manera, nos recuerda que la guerra nunca es el camino de la justicia y que estamos llamados a ser artesanos de la paz en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.
La postura del Papa León XIV frente a la guerra
Debemos recordar que, en el Catecismos de la Iglesia Católica (CIC 2307), “el quinto mandamiento prohíbe la destrucción voluntaria de la vida humana” y que nos enseña que la guerra debe evitarse siempre que sea posible.
En este sentido, el Papa León XIV tiene una postura pacifista firme, condenando la guerra y abogando de forma enfática en el diálogo, la diplomacia y la razón para la resolución de conflictos.
Así, el Sumo Pontífice nos recuerda que la Iglesia no es neutral ante del sufrimiento, sino que denuncia y llama a la reconciliación. Sus palabras también se alinean con la enseñanza de San Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris, donde subraya que la paz tiene su fundamento en la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
Seamos constructores de la paz en la vida diaria
La paz no solo es la ausencia de guerra, es el fruto de actividades concretas que como católicos podemos trabajar.
Por ejemplo, en la familia debemos practicar el perdón, también evitar discusiones destructivas y, en cambio, cultivar la paciencia. Cuando se trata del trabajo, podemos promover la colaboración y asegurarnos de respetar las diferencias, además, debemos rechazar la competencia desleal. Y en la sociedad podemos participar en iniciativas solidarias, procurando apoyar a los más vulnerables y rechazando cualquier tipo de violencia verbal o física.
El Papa León XIV insiste en que cada acto de reconciliación, no importa que tan pequeño parezca, contribuye a la construcción de un mundo más pacífico.
¿Cómo podemos ayudar?
El Sumo Pontífice nos insta a considerar que la paz comienza en el corazón de cada persona y desde allí se va expandiendo hacia la comunidad. Así que, podemos ayudar a construirla con acciones locales:
- Oración por la paz: Es un compromiso diario, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís con su oración “Hazme instrumento de paz”.
- Educación en valores: Es muy fundamental transmitir a los jóvenes la importancia de la fraternidad y el respeto.
- Acción social: Podemos apoyar proyectos de ayuda humanitaria, también actividades de voluntariado y mediación de conflictos locales.
- Testimonio personal: Vivir la paz interior nace de la reconciliación con Dios en los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la confesión.
La postura de León XIV frente a la guerra es clara: la violencia nunca es la solución. Razón por la que los católicos estamos llamados a ser constructores e impulsores de la paz en nuestra vida diaria mediante el perdón, la oración y el compromiso social. Recordemos que la paz de Cristo es semilla que debemos sembrar y cuidar en cada espacio de nuestra existencia.