
Calumnia, difamación y juicio temerario: qué enseña la Biblia, el Catecismo y los Papas sobre la verdad, la reparación y la misericordia cristiana.
¿Es misericordia cristiana defender al que calumnia sin exigirle que repare el daño causado? ¿O estamos, sin darnos cuenta, cooperando con una grave injusticia que pone en peligro almas y comunidades enteras?
En los últimos años, dentro y fuera de la Iglesia, se ha extendido una peligrosa confusión: confundir la misericordia con la impunidad. Cuando un cristiano ha sido gravemente atacado mediante calumnias, difamaciones o juicios temerarios, y se protege al agresor apelando a la “comprensión”, al “derecho a rectificar” o al “no juzgar”, se corre el riesgo de negar la verdad, vaciar la justicia y falsear la caridad.
1. Qué dice la Biblia sobre la calumnia y el falso testimonio
La Sagrada Escritura es clara y constante. El octavo mandamiento —“No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20,16)— no es una recomendación moral secundaria, sino un pilar del orden social y espiritual.
El Levítico advierte: “No andarás chismeando entre tu pueblo” (Lev 19,16). El libro de los Proverbios compara al falso testigo con “un martillo, una espada y una flecha cortante” (Prov 25,18). Y Jesús mismo enseña que del corazón salen “los falsos testimonios” que contaminan al hombre (Mt 15,19).
La calumnia no es solo un pecado privado: hiere la comunión, destruye la confianza y puede arruinar una vida entera.
2. El Catecismo: justicia y caridad no se oponen
El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2477-2479) define con precisión tres pecados contra la verdad:
- Juicio temerario
- Detracción
- Calumnia
Todos ellos ofenden gravemente la justicia y la caridad. El CIC afirma que nadie puede dañar injustamente la reputación del prójimo y que existe una obligación moral de reparar el daño causado.
Aquí aparece una verdad incómoda: no corregir un pecado grave no es misericordia, sino abandono espiritual.
3. Derecho Canónico: la buena fama es un derecho
El canon 220 del Código de Derecho Canónico es explícito:
“A nadie le es lícito dañar ilegítimamente la buena fama de la que alguien goza.”
Esto significa que incluso dentro de la Iglesia no todo vale. Difundir acusaciones sin pruebas, proteger al difamador o minimizar el daño causado contradice el derecho de los fieles.
4. Los Papas: la calumnia es un pecado grave
El Papa Francisco ha sido especialmente claro, calificando la calumnia como “pecado grave” y “obra del demonio”. Ha denunciado los chismes y acusaciones falsas como un mal que destruye personas y comunidades cristianas.
San Juan Pablo II ya advertía que no hay verdadera misericordia sin verdad, y Benedicto XVI insistió en que la caridad sin justicia se convierte en sentimentalismo vacío.
5. Corrección fraterna: una obra de misericordia olvidada
Entre las obras de misericordia espirituales están corregir al que yerra y enseñar al que no sabe. Callar ante una calumnia grave, justificarla o minimizarla no ayuda al pecador, sino que lo confirma en su error.
La falta de corrección puede poner en peligro su salvación eterna.
6. Confesión, propósito de enmienda y reparación
El Catecismo (n. 1459) enseña que la absolución no borra automáticamente las consecuencias del pecado. Quien ha calumniado está moralmente obligado, en la medida de lo posible, a reparar el daño: retractarse, pedir perdón, restituir la verdad.
Sin este propósito de enmienda, la confesión carece de autenticidad interior.
Y es que ¿puede un cristiano que calla ante la calumnia seguir proclamando que camina en la verdad? ¿No estará cuidando más la comodidad que la justicia?
Por fin alguien lo dice bien alto y claro. Estoy del chisme hasta el cogote y de los que justifican a los que hacen el mal también. Son gente muy tóxica, que no ayudan nada, al contrario, destruyen todo lo que encuentran a su paso, a la Iglesia también, porque luego la gente piensa que todos los cristianos son así. Habéis dicho las palabras justas.
Gracias por tu comentario.