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Pedro Sánchez, Santiago Abascal y el voto católico: política, conciencia y Evangelio

    ¿Puede un católico apoyar cualquier proyecto político? Análisis de PSOE, VOX y PP a la luz del Evangelio, el Catecismo y la conciencia cristiana.

    Cuando la fe entra en la urna

    Cada vez que se acercan elecciones, muchos católicos repiten una frase cómoda: “La Iglesia no se mete en política”. La afirmación es falsa. La Iglesia no se identifica con ningún partido, pero sí juzga moralmente las ideas, leyes y proyectos políticos cuando afectan a la dignidad humana, la vida, la familia y el bien común.

    La pregunta no es si un católico debe votar, sino cómo debe hacerlo sin traicionar su fe. Y eso exige confrontar los proyectos políticos con el Evangelio, aunque el resultado incomode.

    Qué pide la Iglesia a un católico en política

    El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que los fieles deben participar en la vida pública conforme a una conciencia rectamente formada (CIC 2246). No todo es opinable. Existen principios no negociables, recordados por san Juan Pablo II y Benedicto XVI:

    • defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural,
    • protección de la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer,
    • libertad religiosa y educativa,
    • rechazo de ideologías que niegan la naturaleza humana.

    Cuando un proyecto político ataca directamente estos pilares, el católico no puede apoyarlo sin grave conflicto moral.

    El proyecto político de Pedro Sánchez a la luz del Evangelio

    El PSOE, bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, ha promovido y consolidado leyes que entran en contradicción directa con la moral católica, entre ellas:

    • ampliación del aborto como “derecho”,
    • legalización y normalización de la eutanasia,
    • legislación de identidad de género que niega la antropología cristiana,
    • restricciones a la objeción de conciencia,
    • marginación de la voz religiosa en el espacio público.

    La Sagrada Escritura es clara:

    “Ay de los que llaman bien al mal y mal al bien” (Is 5,20).

    El Catecismo afirma que la cooperación formal con leyes injustas contra la vida es moralmente ilícita (CIC 2272). Desde esta perspectiva, un proyecto político que institucionaliza estos males plantea un serio problema de conciencia para el católico.

    VOX y el discurso de la ley natural

    VOX ha construido gran parte de su discurso público en torno a conceptos que coinciden parcialmente con la doctrina moral católica: defensa de la vida, crítica a la ideología de género, protección de la familia, afirmación de la ley natural y libertad educativa.

    Esto no convierte a ningún partido en “católico”, pero sí muestra una mayor cercanía a ciertos principios morales objetivos defendidos por la Iglesia.

    Ahora bien, la fe cristiana no se reduce a una agenda cultural. El Evangelio exige también respeto a la dignidad de toda persona, prudencia en el lenguaje, rechazo del odio y búsqueda sincera del bien común. Todo proyecto político debe ser juzgado también desde ahí.

    El Partido Popular: la ambigüedad moral

    El PP se presenta a menudo como opción “moderada”, pero su trayectoria muestra una constante ambigüedad moral. Ha aceptado de facto leyes contrarias a la vida y a la familia, optando por el pragmatismo y el cálculo electoral.

    Desde la doctrina católica, esta postura plantea otro dilema:
    callar ante una injusticia grave para conservar poder no es neutralidad moral.

    Jesús advierte:

    “El que no está conmigo, está contra mí” (Mt 12,30).

    La indefinición en cuestiones fundamentales también forma la conciencia de la sociedad, aunque lo haga de forma silenciosa.

    ¿A quién debería votar un católico? La pregunta mal planteada

    La Iglesia no da consignas de voto. Pero sí enseña algo más exigente: el católico debe evitar cooperar con el mal, incluso cuando no existen opciones perfectas.

    San Juan Pablo II recordó que no es lícito apoyar un proyecto político que contradiga directamente el derecho a la vida, aunque prometa otros bienes.

    El Derecho Canónico protege la libertad de conciencia, pero no la convierte en subjetivismo. No todo lo legal es moral, ni todo lo votable es compatible con la fe.

    El peligro del “mal menor” mal entendido

    Muchos cristianos justifican cualquier apoyo político apelando al “mal menor”. Pero la Iglesia enseña que el mal menor no legitima apoyar un mal intrínseco.

    Benedicto XVI fue claro:

    no se puede sacrificar un principio fundamental esperando un bien posterior.

    Cuando el voto se convierte en complicidad estable con leyes injustas, deja de ser prudencia y pasa a ser incoherencia.

    Objeciones teológicas habituales (y respuestas)

    Objeción 1: “Jesús no habló de política”

    Respuesta:
    Jesús habló del Reino de Dios, que transforma toda la vida, incluida la justicia, la ley y el poder.

    Objeción 2: “Todos los partidos tienen cosas malas”

    Respuesta:
    Cierto. Pero no todos atacan los mismos principios fundamentales, ni con la misma gravedad.

    Objeción 3: “La Iglesia no debe decir nada”

    Respuesta:
    La Iglesia no dice a quién votar, pero sí debe iluminar la conciencia moral.

    Objeción 4: “Esto divide a los católicos”

    Respuesta:
    La verdad a veces divide. La fe no es un pegamento social, es una llamada a la conversión.

    Votar también es un acto moral

    Un católico no vota solo como ciudadano, vota como discípulo de Cristo. Y eso implica aceptar que no todo proyecto político es moralmente aceptable, aunque sea popular, legal o mayoritario.

    ¿Estamos dispuestos a dejar que el Evangelio juzgue nuestra opción política… o solo lo usamos cuando confirma nuestras ideas?
    ¿Votamos en conciencia formada o en comodidad ideológica?

    La Iglesia no necesita católicos dóciles al poder, sino conciencias libres, exigentes y responsables.

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