
La figura de San José ocupa un lugar privilegiado en la tradición cristiana, aunque muchas veces ha sido relegada al silencio. Se trata de un silencio profundamente elocuente.
En un mundo contemporáneo que debate de forma constante sobre el significado de la masculinidad y que enfrenta crisis de identidad alrededor del rol del hombre, San José se presenta como un modelo actual y sólido. El Evangelio lo describe como un “hombre justo” (Mt 1,19, Biblia de Jerusalén), tratándose de una justicia que no se limita al cumplimiento de la ley, sino que refleja una vida íntegra, responsable y orientada hacia Dios.
Por ello, su ejemplo nos invita a redescubrir una masculinidad que no se mide por el poder o la fuerza bruta. En cambio, resalta por la capacidad de amar, proteger y servir.
Virtudes de San José como modelo de masculinidad
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 532) explica cómo Jesús vivió sometido a José y María, y que José cumplió de manera fiel su misión de padre. Este detalle que puede parecer insignificante encierra una profunda verdad: el Hijo de Dios quiso aprender de un hombre humano lo que significaba vivir en familia, obedecer, trabajar y crecer en sabiduría.
1. Responsabilidad
José, como padre adoptivo, asumió la responsabilidad de cuidar de Jesús y María en circunstancias difíciles. Desde la huida a Egipto hasta la vida sencilla en Nazaret.
Es por ello que su masculinidad se expresa en la responsabilidad de sostener y proteger a su familia, incluso en medio de la incertidumbre. En él encontramos un modelo de virilidad que no está definida por la dominación, sino por la entrega y el servicio.
2. Trabajo
Su trabajo como carpintero es otro aspecto fundamental de su ejemplo. En una época en la que el éxito se mide por la acumulación de bienes y el reconocimiento social, José nos recuerda que la dignidad de los hombres está en el servicio a los demás y el esfuerzo honesto. Enseñó a Jesús el valor del trabajo manual, la perseverancia y paciencia.
Su masculinidad se manifiesta en esa capacidad de transformar la materia con sus manos y también en la vocación y participación en la obra creadora de Dios.
3. Protección
La masculinidad de José también se revela en su papel protector. Fue guardián de la Sagrada Familia, estando dispuesto a enfrentar sacrificios y peligros para garantizar la seguridad de María y Jesús. Es así como su virilidad se traduce en una fortaleza y valentía orientada hacia el cuidado de los más vulnerables.
Frente a los estereotipos modernos de masculinidad asociados con la agresividad y el dominio, José se posiciona como un modelo alternativo: el hombre fuerte es el que se sacrifica, el que protege y se entrega por amor. Además, su silencio en los Evangelios no es vacío, sino testimonio de una vida que estuvo centrada en la misión confiada por Dios.
Conclusión
Hoy en día la masculinidad se encuentra muchas veces atrapada entre extremos. Por un lado la presión cultural que la reduce a fuerza física o éxito económico; por otro, la confusión que la diluye en roles indefinidos y la despoja de su identidad. San José ofrece un camino profundamente humano y equilibrado frente a ello.
El Papa Francisco, en la carta apostólica “Patris Corde” (2020), subraya que José es “padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida”. Estas cualidades son fundamentales para una masculinidad que construye y no destruye. Y es por ello que San José es un modelo de masculinidad y virilidad que trasciende épocas y culturas.